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Logroño bebe frío

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El uso de beber frío -como se decía en la España de los Austrias- apenas se conoció en España hasta mediados del siglo XVI.

Se usaban fríos, en los rigores estivales, el vino, el agua y las bebidas espirituosas. Como medio de refrigeración se ideó primero sumergir los líquidos en pozos o exponerlos al relente nocturno en vasijas porosas cubiertas de un paño húmedo o bajándolos a cuevas y sótanos. También, aunque con mucha menos frecuencia, se empleó el salitre.

Pero el magno recurso fue la nieve, allí donde era posible utilizarla. De los Pirineos, del Guadarrama, de Sierra Nevada y la serranía de Ronda, eran transportadas en mulos y borriquillos las nieves perpetuas de sus cimas a las grandes ciudades cercanas.

Granada, por su proximidad a las más altas cumbres de la península, fue una de las primeras poblaciones que estableció la costumbre, extendiéndola a todas las clases sociales, por la baratura de la nieve aportada allí, que sólo valía un maravedí por libra.

Madrid, centro de todos los refinamientos, lujos y exquisiteces del imperio español, no había de quedarse atrás en práctica tan gustosa. Y, en efecto, los altos de Peñalara abastecían copiosamente a su consumo de nieve.

Hubo con esto un nuevo oficio, el de nevero -acarreador y expendedor de nieve-. A primeros del siglo XVII era ello un monopolio y quien lo ejercía comprometíase a tener abastecido a Madrid. Aquella novedad de ser la nieve mercancía asequible a todo el mundo, hizo decir a un personaje de Tirso, en su comedia María /a Piadosa:

"Porque como cada día truecan las cosas los cielos y ya se venden los hielos, estimárante por fría".

Pero la provisión de nieve tomó grandes vuelos, haciéndose importante industria por obra del catalán Pablo Xarqués, que entre el segundo y el tercer quinquenio del siglo XVII, estableció cerca de la actual Glorieta de Bilbao unos depósitos subterráneos, para conservar durante el año entero la nieve trasladada del Guadarrama. Quevedo llamó poetas charquíes a los que en sus metáforas sacaban a relucir la nieve a cada paso, y él mismo incurrió en lo que ridiculizaba, al decir, para ponderar la blancura de unas manos femeninas:

"de cuyas manos Xarquíes llena de nieve sus pozos".

Logroño, desde siempre una de las sedes del buen comer y del buen beber español, fue de las primeras ciudades que aceptó la novedad. Del reino de Navarra, principalmente, se acarreaba la nieve; pero, la mercancía resultaba cara y se vendía a excesivo costo.

La práctica de beber frío había ganado el paladar de los logroñeses; se había hecho una necesidad pública y era preciso dar con una solución. El Concejo afrontó con toda decisión el problema y tras muchas deliberaciones adoptó el acuerdo de construir una Casa de nieve en Moncalvillo, a tres leguas de distancia, que se arrendaría como un propio de la ciudad, para proveerse de frío a moderados precios.

La traza y orden se cometió al regidor don Pedro de Arriaga, a quien le fueron entregados de momento, quinientos reales para subvenir a los gastos de la obra, si bien el importe total ascendió a los diez mil reales.

"...esta cibdad dixo que por experiencia se ha visto que habiendo nyebe en esta ciudad los beranos se conserba la saluz de los vecinos della y como en otras muchas çibdades se haze y se trae la nyebe a vender a esta cibdad del Reino de nabarra y otras partes a eçesybos preçios y haziendose Casa de nyebe en moncalbillo tres leguas desta çibdad se podría bastecer a moderados preçios de que esta çibdad recibira mucho beneficio = atento lo qual acordaron y mandaron se haga la dicha casa de nyebe y la traça y orden se comete al señor pedro de arriaga Regidor para que la haga hazer y que francisco gonzalez del dinero que tiene apreste quinientos Reales y se entregen al dicho señor pedro de arriaga y acabada la casa se arrende por propios de cibdad...".1

"...acordaron y mandaron que lo que se ha gastado en la casa de la nyebe que son diez mill Reales...".2

Pero, esto no era todo; se había resuelto el primer paso.

Ahora era menester determinar entre los lugares que se tenían elegidos, dentro de las murallas de la ciudad, el más propicio para el establecimiento de los puestos. Tal discriminación no podía hacerla con la suficiente garantía de acierto sino un técnico experto.

Y a buscar el tal "maestro de neveras" se lanzaron los capitulares hasta Tarazona, donde se tenían noticias de su residencia, al mismo tiempo que se suplicaba a Su Majestad se sirviera conceder la facultad de que la ciudad pudiera gastar en ellos quinientos ducados.

"...se acordo se enbie a taraçona o donde estubiere por vn maestro de neberas para que biendo los sitios questa çibdad tiene tratados señale donde sera mejor hazersse vna nebera para seruycio desta ciudad y se enuie a suplicar se conzeda facultad en cantidad de quinientos ducados".3

Así fue como Logroño, adelantándose a otras muchas poblaciones, en la segunda mitad del siglo XVI, empezó a beber frío, con gran regocijo del vecindario.



JOSÉ MARIA LOPE TOLEDO




(1) En los Libros de Actas del Ayuntamiento de Logroño. Día 27 de enero de 1597. (2) Ibidem. Día 9 de Diciembre de 1597. (3) Ibidem. Día 24 de Agosto 1598.

Este artículo fue publicado en la revista Berceo en el nº 65, año 1962, pp. 449-451.
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